- Escrito por: Alejandra Duarte
- Categoría: Artículos
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Violencia de género y seguridad electrónica en Latinoamérica: Retos y avances actuales
La seguridad electrónica también evoluciona hacia un modelo preventivo que combina dispositivos personales, videovigilancia inteligente y análisis de datos para anticipar y responder en tiempo real a la violencia de género, incluso en entornos donde las víctimas no pueden pedir ayuda. No obstante, su alcance sigue siendo limitado mientras estas tecnologías no se integren plenamente a estrategias públicas de seguridad con capacidad de reacción efectiva.
La urgencia de innovar en seguridad electrónica no es una tendencia aislada, sino una respuesta a una crisis global: según ONU Mujeres, 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia física o sexual. En este contexto de vulnerabilidad sistémica, la tecnología ha dejado de ser una simple observadora para convertirse en un escudo preventivo. Hemos pasado de la vigilancia pasiva de cámaras que solo registraban el hecho, a sistemas dotados de inteligencia artificial y analítica avanzada capaces de detectar patrones de comportamiento inusual, gritos o vidrios rotos en tiempo real.
Este salto permite que la seguridad actúe antes de que una situación de riesgo escale, transformando el monitoreo en una herramienta de supervivencia inmediata. Para entender cómo comenzó esta evolución y el papel clave de soluciones como la videovigilancia y los botones de pánico en la protección de las mujeres, te invitamos a revisar la primera entrega aquí.
Esta evolución ha marcado también el fin de la seguridad "estática" para dar paso a una protección omnipresente y personal. Los antiguos botones de pánico, que solían estar anclados a una pared o limitados por la cercanía a una base en el hogar, han sido reemplazados por un ecosistema de dispositivos portátiles y wearables inteligentes. Hoy, una mujer puede portar una manilla o joyería de diseño que es, en realidad, un sofisticado dispositivo IoT. Estos accesorios permiten enviar alertas GPS silenciosas mediante gestos imperceptibles e incluso monitorear biométricos para activar protocolos de auxilio automáticos si detectan niveles de estrés extremo, garantizando que la ayuda viaje siempre con la usuaria de forma discreta.
Sin embargo, el éxito de estas innovaciones enfrenta un cuello de botella crítico: la ausencia de políticas públicas que integren la tecnología con la infraestructura estatal. De poco sirve que una mujer cuente con la manilla más avanzada si, al activar la alerta, no existe un protocolo de respuesta policial estandarizado o una central de monitoreo pública con capacidad de reacción. Mientras estas herramientas sigan tratándose como soluciones de consumo privado y no como pilares de la seguridad ciudadana, su alcance será limitado. La tecnología ha cumplido su parte al volverse más inteligente y accesible; ahora el desafío recae en los gobiernos para transformar estos dispositivos en el eslabón final de una estrategia de Estado integral.
Miguel Ángel Zamora
Lincoln SecurityEn TECNOSeguro hablamos con Miguel Ángel Zamora, Director General de Lincoln Security y especialista en implementación de sistemas integrales de seguridad. Su empresa se dedica a soluciones electrónicas como videovigilancia, control de acceso y monitoreo, cuyas tecnologías pueden contribuir a la protección de la mujer, ofreciendo herramientas que previenen riesgos y refuerzan la seguridad en distintos entornos.
Evolución de la seguridad electrónica frente a la violencia de género
La seguridad electrónica ha avanzado hacia un enfoque proactivo, centrado en la prevención y la atención inmediata. Miguel Ángel Zamora explica que “al hablar de espacios públicos entendemos lugares con acceso a cualquier persona, como calles, escuelas o trabajos, pero alrededor del 85–90% de los casos de violencia se da al interior de los hogares”. Esto evidencia que las soluciones deben ir más allá de cámaras o botones de pánico tradicionales, especialmente porque “es muy difícil que una víctima use su teléfono para pedir ayuda, dado que los agresores suelen controlar sus dispositivos y comunicaciones”.
Para responder a esta necesidad, Lincoln Security ha desarrollado dispositivos portátiles, como manillas o collares inteligentes, que permiten a las mujeres alertar de manera inmediata a un centro de monitoreo con solo presionar un botón. Miguel aclara: “El centro de monitoreo tiene la ubicación de la víctima, la fotografía, su antecedente victimal y, si es necesario, despacha ayuda inmediatamente”. Este enfoque convierte la tecnología en un verdadero mecanismo de protección activo, capaz de intervenir en tiempo real y reducir la exposición al riesgo.
El especialista explica que estos sistemas consideran tres escenarios posibles:
- Emergencia sin respuesta de la víctima: se despacha ayuda inmediata, porque podría estar incomunicada por acción del agresor.
- Comunicación parcial: si la víctima responde pero no puede completar la verificación de seguridad, se envía apoyo de manera preventiva.
- Falso positivo: si la verificación es correcta, se descarta la alerta, asegurando que el sistema no genere intervenciones innecesarias.
Además de los dispositivos portátiles y la videovigilancia inteligente, Miguel Ángel Zamora destaca la importancia de integrar la tecnología con análisis predictivo y georreferenciación para anticipar riesgos: “No se trata solo de responder a emergencias, sino de analizar patrones de violencia y concentraciones de riesgo en zonas específicas, para poder actuar de manera preventiva.
Con esta información, las autoridades y los centros de monitoreo pueden optimizar rutas de patrullaje, planificar intervenciones más rápidas y crear estrategias de protección personalizadas para cada víctima”. Esta combinación de prevención, tecnología y datos geoespaciales representa un paso clave hacia un modelo de seguridad proactivo que busca reducir incidentes antes de que ocurran.
Impacto y cifras de seguridad electrónica en espacios públicos
Aunque los sistemas tradicionales como cámaras y botones de pánico han servido como herramientas de reacción, Miguel resalta que su efectividad es limitada: “En la Ciudad de México hay unos 25,000 postes de videovigilancia y 50,000 tótems de botones de pánico. Para una ciudad con 15–17 millones de personas, esto es insuficiente y sigue siendo totalmente reactivo, actuando solo después de que ocurre una agresión”.
Por el contrario, los dispositivos personales y la integración con centros de monitoreo permiten anticipar situaciones de riesgo y mejorar los tiempos de respuesta. Zamora asegura que “con las pulseras o dijes, cuando la víctima se da cuenta de que está cerca o en contacto con su agresor, inmediatamente se despacha ayuda para evitar que se llegue a un esquema de violencia y podamos brindarle la atención de manera inmediata”.
Innovaciones tecnológicas y el futuro de la prevención
La inteligencia artificial ha cambiado radicalmente la videovigilancia: “Hace tres o cuatro años, para que un esquema de videovigilancia funcionara, era necesario tener una cámara, un monitor y un operador interpretando lo que pasaba; hoy, la IA puede monitorear, aprender patrones y alertar inmediatamente sobre situaciones de riesgo”. Esto permite que la tecnología actúe de forma predictiva, reduciendo la dependencia de operadores humanos y acelerando la respuesta ante posibles agresiones.
Miguel detalla que el futuro apunta a sistemas más integrados: “Que cada cámara en la ciudad pueda identificar patrones de riesgo, pasar el turno de despacho a una patrulla y alertar a los operadores en tiempo real. Lo que necesitamos es que la inteligencia genere información de valor, con certeza, para que la acción sea inmediata”.
Además, la cultura de prevención y la educación sobre violencia siguen siendo pilares: “Es importante que nuestras niñas, mujeres y adolescentes comprendan qué es la violencia, cómo denunciarla y que las autoridades cuenten con esquemas de atención efectivos y empáticos, sin revictimizarlas”.
Zamora enfatiza que la meta final es clara: “Se trata de salvar vidas. Todos tenemos una mujer cercana que queremos proteger, y debemos pensar en ella cuando diseñamos y aplicamos estas soluciones”.
Hacia una protección integral de las mujeres
Para que la seguridad electrónica cumpla su promesa de salvar vidas, debe dejar de ser una respuesta reactiva y convertirse en un compromiso sistémico. La verdadera revolución no está solo en el microchip de una manilla inteligente, sino en la capacidad de una sociedad para garantizar que, detrás de cada alerta enviada, exista un sistema de justicia y protección listo para actuar. El futuro de la prevención de la violencia de género depende de esta simbiosis: una tecnología humana respaldada por una voluntad política inquebrantable que devuelva a las mujeres su derecho fundamental a transitar el mundo sin miedo.
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Alejandra Duarte
Egresada de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá como Comunicadora Social con énfasis en Periodismo.
Maria Alejandra cuenta con más de 5 años de experiencia como periodista, en los que ha pasado por distintos medios de comunicación masivos de Colombia como lo son RCN Televisión y W Radio. En estos medios ha cubierto varias fuentes como la política, la economía, el entretenimiento y noticias de interés general que son tendencia en el mundo.
Además de su experiencia como periodista, hizo parte del equipo de comunicaciones internas de BICODE, empresa colombiana que se dedica al análisis y gestión de datos, en la cual aprendió la importancia de enlazar su profesión con los avances de la tecnología y el marketing digital.
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