- Escrito por: Jairo Rojas Campo
- Categoría: Artículos PRO
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Cómo evitar los errores más comunes en la instalación de un sistema de alarma para intrusión
Una instalación deficiente puede arruinar incluso el sistema de seguridad electrónica más avanzado. Desde errores en la evaluación de riesgos hasta fallas en el cableado, la implementación sigue siendo el eslabón más crítico. En esta guía técnica de TECNOSeguro, y con base en la experiencia analizamos los errores más comunes y las mejores prácticas para garantizar sistemas confiables, estables y realmente efectivos.
Revisamos los aspectos más importantes alrededor de esta temática analizando estos puntos:
- La importancia de una implementación correcta en sistemas de seguridad electrónica
- Evaluación de riesgos y planificación del trabajo
- Infraestructura, despliegue del cableado físico
- Supervisión del sistema y resistencias de fin de línea
- Protección eléctrica y mitigación de sobretensiones programación lógica y telecomunicaciones
- Protocolos de pruebas y puesta en marcha
- Otras recomendaciones sobre la eficiencia del sistema
La importancia de una implementación correcta en sistemas de seguridad electrónica

El diseño, la instalación y la configuración de un sistema de seguridad electrónica para la prevención de intrusiones representan un proceso delicado que requiere conocimiento técnico, atención al detalle y seguimiento de procesos bien definidos. Estas infraestructuras de seguridad no solo funcionan como elementos disuasorios en un espacio físico, sino que actúan como redes complejas de detección que deben operar con una gran confiabilidad ante diversas amenazas.
A pesar de los grandes avances en el procesamiento digital y las comunicaciones modernas, la vulnerabilidad más grande de estos sistemas sigue estando en la fase de la implementación física y su configuración. Una instalación deficiente, ya sea por negligencia técnica o por desconocimiento de las normativas, puede arruinar la tecnología más avanzada.
Esto suele resultar en fallos silenciosos ante verdaderas emergencias o en una proliferación de falsas alarmas que terminan por agotar la paciencia del usuario y de las autoridades. Para evitar estos problemas, los procedimientos de los fabricantes, las normativas locales e internacionales ofrecen un marco de trabajo estricto.
Por ejemplo, existen regulaciones norteamericanas que detallan de forma exhaustiva los requisitos para la ubicación, instalación y mantenimiento de los sistemas de seguridad en espacios comerciales y residenciales. Estas normas hacen un gran énfasis en que todos los equipos deben instalarse de forma profesional, cumpliendo rigurosamente con los códigos eléctricos aplicables.
De igual manera, en el entorno europeo se proporcionan pautas para evaluar el riesgo de cada lugar mediante la definición de diferentes grados de seguridad. Ignorar estos estándares de la industria siempre termina provocando la creación de sistemas inestables, que son susceptibles a presentar fallas constantes y a violar los códigos de construcción.
Evaluación de riesgos y planificación del trabajo

El origen de un sistema de alarma propenso a fallar casi nunca ocurre en el momento en que un técnico comienza a conectar los cables, sino que el fracaso se gesta mucho antes, durante la fase de planificación del proyecto. El error más documentado en esta industria es la falta de un diagnóstico previo detallado o de una evaluación real del lugar de la instalación.
Esta falta de metodología lleva a seleccionar los equipos basándose únicamente en el ahorro de dinero o en la apariencia visual de los dispositivos, sin tomar en cuenta cómo se comportan las personas en el lugar, cómo está construido el inmueble o cuáles son las dinámicas térmicas del espacio.
Los grados de seguridad y el nivel de riesgo
No realizar un análisis formal de las vulnerabilidades provoca que se elija un sistema de alarma cuyo grado de seguridad no coincide con el nivel de riesgo real. Toda instalación debe clasificarse estudiando qué tipo de intruso se espera, qué conocimientos tiene y qué herramientas podría usar.
Por ejemplo, un sistema de nivel básico está pensado para un riesgo bajo, donde el intruso no tiene conocimientos técnicos y usa herramientas simples, siendo ideal para hogares sin objetos de gran valor. Un nivel moderado se aplica a residencias estándar y pequeños comercios, requiriendo cierta resistencia al sabotaje.
Un nivel de riesgo alto, ideal para bancos o almacenes importantes, exige detectar a intrusos con profundos conocimientos en electrónica que intentarán enmascarar los sensores. Finalmente, el nivel más alto de riesgo se reserva para infraestructuras críticas del gobierno, requiriendo equipos capaces de resistir operaciones sumamente complejas y planificadas.
Instalar un equipo de nivel básico en un comercio de alto valor garantiza que el sistema será burlado con facilidad, ya que estos equipos económicos no cuentan con los circuitos de protección necesarios para enfrentar amenazas reales.
Ubicación física de los sensores y errores de emplazamiento
La ubicación de los sensores de movimiento y los contactos de apertura de puertas es una tarea qué, aunque se basa en conceptos básicos incluso algo de física, no permite la improvisación. Un error muy frecuente consiste en instalar los detectores de movimiento orientados directamente hacia superficies de cristal, ventanas o lugares expuestos a la luz solar directa.
El funcionamiento de un sensor de movimiento se fundamenta en su capacidad para enfocar la radiación infrarroja y detectar diferencias de temperatura abruptas, contrastando el calor de un cuerpo humano sobre la temperatura normal de la habitación. Por lo tanto, la luz solar, los reflejos fuertes en pisos pulidos o la cercanía a fuentes de calor como radiadores, chimeneas o rejillas de aire acondicionado alteran por completo este balance térmico.
Estos factores ambientales confunden al sensor, simulando una firma de calor en movimiento y disparando constantes alarmas falsas que arruinan la credibilidad del sistema. Además, tomar decisiones equivocadas sobre el espacio fomenta la creación de puntos ciegos. La altura a la que se montan los detectores de movimiento es un aspecto crítico que no se debe alterar.
Colocar un equipo por encima de la altura recomendada por el fabricante, que suele estar entre los dos metros con diez centímetros y los dos metros y medio, arruina la capacidad de detección del lente. Una elevación excesiva reduce el alcance horizontal y genera un enorme espacio ciego justo debajo del detector. Por el contrario, instalarlo demasiado bajo hace que los muebles comunes bloqueen la visión del equipo.
También es muy común que los técnicos olviden configurar los ajustes de inmunidad a las mascotas, dejando el sistema expuesto a activarse cuando los animales domésticos caminan por la casa. En cuanto a la protección del perímetro, una mala alineación de los contactos magnéticos en las puertas y ventanas provoca muchas fallas.
Instalar estos elementos sin considerar el límite de distancia operativa del imán, o sin prever que los marcos de metal se dilatan y se contraen con los cambios de clima, genera un entorno inestable. Un sensor mal alineado, que está trabajando al límite de su capacidad magnética, experimentará separaciones momentáneas de su circuito ante pequeñas vibraciones, como el viento o el paso de un camión en la calle, causando activaciones esporádicas y sin explicación.
Infraestructura, despliegue del cableado

La red de cables físicos es el sistema nervioso central de cualquier alarma. Los errores cometidos al pasar, enrutar y conectar los cables de baja tensión son la fuente principal de los problemas de rendimiento a largo plazo. Estas malas prácticas causan pérdida de datos, caídas de voltaje, cortocircuitos y una enorme pérdida de comunicación entre la placa principal y los sensores.
Caída de tensión y metales conductores
Un error muy común en la industria es subestimar la energía que necesitan los equipos, lo cual va en contra de los principios eléctricos básicos. Los sistemas de alarma transmiten corrientes continuas de bajo voltaje, pero a medida que el cable se hace más largo para llegar a sensores lejanos, la resistencia natural del cobre entra en acción, provocando una caída de voltaje proporcional a la distancia recorrida.
Un análisis deficiente asume de manera equivocada que el voltaje que sale del panel central llegará igual al último sensor de la cadena. Es indispensable considerar la distancia y el consumo de energía. Por ejemplo, si se tienen dos detectores instalados a gran distancia, la corriente que van a solicitar en el momento en que detecten a una persona será mucho mayor que la que consumen en reposo.
La caída de voltaje a lo largo del circuito es un fenómeno predecible mediante operaciones matemáticas sencillas que toman en cuenta la longitud del cable, la resistencia del metal y la intensidad de la corriente (Ley de Ohm). Si se utilizan cables demasiado largos o si los equipos consumen mucha energía, los detectores recibirán un voltaje que cae por debajo del nivel mínimo necesario para funcionar correctamente.
Cualquier voltaje de alimentación que descienda por debajo de este límite crítico hará que el sensor se reinicie constantemente, pierda la comunicación o se vuelva completamente ciego ante el paso de un intruso. Para empeorar esta situación, existe una práctica inaceptable impulsada por el deseo de ahorrar dinero, que consiste en sustituir los cables de cobre puro por cables de aluminio recubiertos con una delgada capa de cobre.
El aluminio tiene una resistencia eléctrica muy superior y propiedades de expansión distintas a las del cobre. Con los cambios de temperatura, este recubrimiento se fractura, lo que interrumpe el viaje de las señales. Utilizar este tipo de cables debilita drásticamente la señal y destruye la integridad de las comunicaciones del sistema a corto plazo.
Interferencia electromagnética y rutas de cableado
Otro error de procedimiento grave es la práctica irresponsable de pasar los cables de la alarma en paralelo y pegados a los cables de corriente eléctrica alterna de alto voltaje del edificio. Esta cercanía induce fuertes corrientes de interferencia electromagnética sobre las líneas de la alarma, corrompiendo los datos y provocando alarmas inexplicables o la desconexión total de los equipos.
Las normativas exigen categóricamente que todo el cableado de seguridad se mantenga separado por una distancia física considerable, al menos entre quince y treinta centímetros, de cualquier cable de alta tensión o luces fluorescentes. Si la forma del edificio hace inevitable que ambas rutas se crucen, el diseño debe garantizar que los cables de datos crucen perpendicularmente, formando un ángulo exacto de noventa grados, lo cual reduce al mínimo la interferencia magnética. Además, el despliegue del cableado debe gestionarse a través de conductos aprobados para circuitos de baja tensión, asegurando una separación física adecuada.
Técnicas correctas para empalmes y conexiones
Cuando la instalación requiere unir tramos de cables, los métodos aplicados determinan la duración y la estabilidad de la conexión. El uso de tuercas de torsión para cables es un error en el contexto de la transmisión de datos. Estos conectores plásticos están diseñados exclusivamente para cables eléctricos gruesos de alto voltaje. Al intentar usarlos en los cables muy finos de los sistemas de alarma, generan conexiones mecánicamente débiles que inevitablemente se aflojarán con los cambios de temperatura.
Sumado a esto, su diseño abierto permite el ingreso de humedad y oxígeno, lo que oxida rápidamente los hilos de cobre. Este proceso de oxidación incrementa la resistencia del cable hasta que el panel central detecta un problema y genera notificaciones constantes de falla.
De una manera que puede parecer extraña para los técnicos de la vieja escuela, el proceso de soldadura directa de cables utilizando estaño también está fuertemente desaconsejado en estos sistemas. Aunque la soldadura parece garantizar una buena conexión al principio, el estaño fundido entra en las hebras de cobre y elimina por completo la flexibilidad natural del cable. Este fenómeno hace que la unión se vuelva rígida y frágil.
Con el tiempo, la gravedad y las vibraciones normales del edificio ocasionan fatiga en el material y pequeñas fracturas en el cobre, justo donde termina la soldadura. Con el transcurrir de los meses, estas fisuras cortan el conductor por completo, culminando en un circuito abierto intermitente que es muy difícil de encontrar bajo la cinta aislante.
En sistemas donde las variaciones eléctricas se miden de forma tan precisa, este es un fallo común. La práctica técnica óptima y estandarizada exige el uso de conectores de empalme por compresión. Estos conectores, al utilizar una herramienta profesional, muerden con precisión los filamentos de cobre sin necesidad de pelar el cable, ejecutando un contacto perfecto en frío.
Además, cuentan con un gel interno que sella herméticamente la unión, desplazando el oxígeno y repeliendo la humedad para siempre, lo cual inmuniza el empalme contra la oxidación.
De este modo, las tuercas cónicas presentan un riesgo por su incompatibilidad y la humedad. La soldadura térmica tiene un alto riesgo por la fragilidad que induce ante las vibraciones. Los conectores de compresión manual sin herramienta profesional son inconsistentes, pero los conectores con gel y herramienta de precisión son el estándar óptimo y recomendado por la industria.
Supervisión del sistema y resistencias de fin de línea

Quizás el error de cableado más nocivo para la integridad de la protección radica en no comprender la importancia de las resistencias de fin de línea. Los paneles de seguridad modernos necesitan que estos pequeños componentes electrónicos se instalen directamente en el circuito del sensor. Esto permite al procesador medir una resistencia eléctrica constante y supervisar activamente que el cableado no haya sido dañado.
Esta supervisión le permite al panel diferenciar entre una apertura legítima de una puerta y un acto de sabotaje, como el corte malicioso de un cable para burlar el sistema. El error común, ejecutado constantemente por técnicos que buscan terminar rápido, es atornillar estas resistencias directamente en la placa principal del panel de control, dejando que el cable viaje sin protección hasta el sensor. Esta mala práctica anula por completo la supervisión en tiempo real del cable.
Si la resistencia está escondida dentro del panel, un intruso podría cortar los cables en el pasillo, unirlos para crear un puente y neutralizar el sensor por completo. El panel central seguiría leyendo la resistencia en su interior y pensaría que todo está seguro, mientras el recinto es vulnerado. Para que el esquema defensivo brinde protección real, las resistencias deben ubicarse obligatoriamente en el extremo más alejado del cable, preferiblemente dentro de la carcasa plástica del propio sensor.
Esquemas de supervisión doble (DEOL)
Más allá de la ubicación de las resistencias, existe una confusión sobre qué esquema de conexión utilizar. El sistema de una sola resistencia tiene muchas limitaciones, ya que el panel solo puede saber si el circuito está abierto o cerrado, pero no tiene la capacidad de diferenciar si se activó porque alguien pasó por el lugar o porque un vándalo rompió la tapa del sensor.
Para instalaciones comerciales y para cumplir con los estándares internacionales contra sabotajes, el uso de un esquema de doble resistencia es el camino a seguir. Este formato utiliza dos resistencias conectadas de una forma particular dentro del sensor. Al usar esta técnica, el panel puede entender múltiples situaciones. En estado de reposo, el panel lee una medida normal e interpreta que todo está seguro.
Cuando el sensor detecta a un intruso, la corriente pasa por ambas resistencias, cambiando la medida y activando la alarma. Si alguien corta el cable o arranca el detector de la pared, la resistencia se vuelve infinita y el panel emite una alerta inmediata de sabotaje. Si alguien intenta hacer un puente en los cables para evadir el sistema, la resistencia cae a cero y el panel también detecta la falla estructural.
Tratar de inventar atajos uniendo cables de forma equivocada para ahorrar material solo compromete la fiabilidad del panel y genera oleadas de falsas alarmas que llenan la memoria del sistema.
Protección eléctrica y mitigación de sobretensiones

La protección contra problemas eléctricos es otro factor fundamental. Los microprocesadores de las alarmas operan con voltajes muy bajos, por lo que las perturbaciones eléctricas impredecibles de la red pública o las descargas de rayos representan un peligro importante, capaz de derretir las tarjetas controladoras en cuestión de microsegundos.
La mala práctica en este ámbito se manifiesta por olvidar instalar dispositivos de protección contra sobretensiones adecuados para las líneas de datos y de energía del panel central. Estos protectores están diseñados para sacrificarse, drenando los violentos picos de energía hacia la tierra antes de que alcancen las placas vitales. Sin embargo, para que funcionen, las normativas indican que se debe construir una ruta hacia la tierra que no tenga obstáculos eléctricos.
Un error común es amarrar el cable de tierra de la alarma a las tuberías de agua del edificio. Esto no solo es una infracción grave a las normas, sino que oxida las tuberías y crea un riesgo grande de electrocución para los habitantes si ocurre una falla. Igualmente dañino es utilizar cables de tierra extremadamente largos y llenos de curvas.
Estas geometrías irregulares hacen que la sobretensión violenta encuentre demasiada resistencia en las curvas y por la física de la corriente se generan sobretensiones en los equipos electrónicos periféricos como módulos expansores y/o sensores los cuales también se transmiten al panel de control dejándolo fuera de servicio. Las buenas prácticas determinan que la distancia del cable protector debe ser corta y recta, lo que permite que el dispositivo protector se active y absorbe el choque de corriente.
Además, un error que anula cualquier protección es instalar juntos dentro de un mismo conducto los cables protegidos del sistema y los cables externos que no han pasado por el filtro protector. Cuando un rayo viaja velozmente por los cables externos, su intenso campo magnético salta la barrera del plástico generando inducción a las líneas que comparten el mismo tubo, sin que la protección pueda hacer su trabajo. Utilizar varillas de cobre enterradas profundamente y separadas adecuadamente (malla de tierra) es la única arquitectura perimetral que protege realmente contra estos elementos destructivos.
Programación lógica y telecomunicaciones

Incluso si un sistema goza de un cableado perfecto, puede volverse inservible si se cometen errores durante su programación y configuración.
Nombrado de zonas, tiempos y ciberseguridad
El hábito de poner nombres técnicos a las zonas de la alarma genera gran confusión durante las emergencias. En lugar de usar términos abstractos, se debe usar un lenguaje natural y comprensible que identifique claramente qué puerta o ventana se activó. Asimismo, si los tiempos de entrada y salida no se miden de forma realista en el lugar, tomando en consideración las pausas naturales de las personas para abrir las cerraduras, los usuarios no tendrán tiempo suficiente para salir. Esto provocará que ellos mismos activen la sirena al llegar o al salir todos los días, generando sanciones económicas por parte de la empresa de seguridad (en algunos países) y arruinando la confianza en el sistema.
Configurar de manera apresurada el modo noche es otro gran error. Si los sensores de movimiento cercanos a los dormitorios y pasillos internos no se programan para ignorar el movimiento de los habitantes durante la madrugada, la familia quedará atrapada en su propia casa, activando la alarma ruidosa con solo levantarse a la cocina.
Es un hecho que en cuanto a los aspectos de la ciberseguridad es revelador que muchas instalaciones incluso costosas se entregan manteniendo las contraseñas de fábrica que vienen en los manuales. Esta gran falla de proceso deja las puertas virtuales del sistema completamente abiertas a los asaltantes con conocimientos informáticos básicos.
Protocolos de transmisión y sistemas integrados
El envío de señales a las estaciones de monitoreo es el punto culminante de la respuesta ante emergencias, pero las fallas abundan por el uso de tecnologías anticuadas. Es un error inmenso forzar a un panel moderno a transmitir sus mensajes de alarmas y señales de auxilio utilizando los protocolos antiguos Ademco sobre líneas modernas de fibra óptica o servicios de voz por internet.
La sintaxis de este tipo de señales de protocolo antiguo depende de tonos de audio bien definidos, pero al viajar a través de los compresores digitales de internet modernos, las ondas de sonido se rompen, originando variaciones que producen ecos y modulación fallida. Como resultado, los centros de recepción de alarma capturan ráfagas corruptas e indescifrables, lo que provoca la omisión total del despacho policial o soporte de supervisión privada.
El protocolo moderno que se debe utilizar emplea una arquitectura de modulación digital que envía bloques de datos sólidos y resistentes. Por su naturaleza digital, este formato navega sin problemas frente a la compresión de las operadoras telefónicas mundiales. Es indispensable abandonar las líneas fijas analógicas e implementar sistemas de transmisión por internet o redes celulares para garantizar que la señal llegue a los diferentes receptores.
Además, en instalaciones de gran envergadura, la alarma no debe operar de forma aislada. La falta de integración con otros sistemas, como las cámaras de videovigilancia o el control de acceso, crea barreras de información. Si ocurre una intrusión y el panel envía la señal de robo, pero esta no hace que las cámaras muestren el video del evento en tiempo real en las pantallas de los operadores, se pierde una ventaja importante del sistema: la verificación visual instantánea del evento. Se deben utilizar plataformas abiertas y protocolos compatibles para unificar todas las herramientas de protección.
Protocolos de pruebas y puesta en marcha

El momento de la puesta en marcha, o la fase de validación operativa, es fundamental. Afirmar que una instalación compleja ha sido finalizada y retirar a los trabajadores sin someter al sistema a pruebas es muy grave y desde lo profesional, inaceptable. La apatía ante rutinas básicas como la prueba de paseo es el fracaso más común entre los instaladores.
Durante esta prueba incluso recomendada por fabricantes, el técnico debe caminar por todo el lugar y verificar que la consola emita una confirmación visual o sonora por cada rincón cubierto, sin activar las ruidosas sirenas maestras exteriores que molestaría al vecindario. Omitir este análisis puede hacer que se ignore tener zonas muertas que no detectarán a los intrusos.
En el caso de los equipos inalámbricos, es indispensable realizar pruebas de espectro de radiofrecuencia para confirmar que las señales pueden atravesar muros y muebles sin perder fuerza. Se deben registrar los valores de intensidad de las señales de cada equipo para guardar evidencia que no hay distorsión electromagnética que pueda debilitar el enlace entre el sensor y el panel central.
Evaluación de respaldo de energía y baterías
Igualmente importante es la evaluación de las baterías de respaldo. Instalar una batería nueva confiando ciegamente en su carga de fábrica es ingenuo. Las normativas de inspección exigen forzar una interrupción real del servicio eléctrico principal, cortando por completo la energía de la calle, para observar cómo reacciona el sistema. Esta prueba permite eliminar el efecto engañoso de la carga superficial de la batería y obliga al panel a subsistir durante un largo periodo de tiempo bajo sus propias reservas.
Después de esta prueba de desgaste, se debe corroborar con instrumentos de medición que la batería es capaz de soportar la exigencia de energía que se produce cuando todas las sirenas se activan al mismo tiempo. Ignorar esta evaluación puede exponer al lugar protegido a una falla temprana de la seguridad pocos minutos después de un apagón normal o de un corte intencional de los cables por parte de los delincuentes, dejando la propiedad sin cubrimiento.
Transición operativa y entrega del proyecto

La culminación oficial de todo el proyecto se formaliza con el acto de entrega o transición operativa. Entregar rápidamente un grupo de manuales en una caja o enviar un correo electrónico con claves genéricas sin realizar una transferencia bien hecha y pedagógica del manejo del sistema deja al cliente con vacíos de manejo y abona el terreno para problemas futuros causados por la inexperiencia.
Para lograr un cierre sólido y sin conflictos futuros, las empresas instaladoras deben cumplir con matrices minuciosas de finalización técnica. La falta de un documento final que incluya los planos reales de cómo quedó todo conectado, detallando cada ruta de cable, así como los cálculos matemáticos sobre el rendimiento de las baterías, deja una mala impresión del trabajo realizado en obra.
Peor aún, esta ausencia de documentos que de hecho son mandatorios expone al propietario a problemas legales enormes con las compañías de seguros, quienes pueden negarse a pagar indemnizaciones en caso de un robo, alegando la falta de pruebas técnicas del funcionamiento del sistema.
Una matriz de cierre genera el compromiso de documentar de manera formal cada plano, diagrama y medida de resistencia realizada en el campo. También exige llevar a cabo demostraciones reales frente al propietario, activando los sensores y los botones de pánico, y llamando a la estación de monitoreo para confirmar que las señales de auxilio llegan rápidamente y sin problemas de lectura. Esta validación debe incluir la demostración de que la alarma es capaz de seguir operando perfectamente incluso si otros sistemas inteligentes del edificio sufren un colapso eléctrico.
Capacitación del usuario y contratos de mantenimiento
Uno de los aspectos más importantes de esta entrega final es la capacitación presencial. Se debe enseñar a los usuarios, a dominar ágilmente el sistema de seguridad. El usuario debe poder tener una destreza fluida para armar el panel, omitir sensores que puedan presentar fallas momentáneas, leer el historial de eventos para buscar pistas de problemas pasados y administrar libremente las contraseñas para eliminar el acceso de antiguos empleados o visitantes.
Finalmente, la entrega del proyecto debe venir acompañada de un contrato de soporte o mantenimiento a futuro. Se deben programar visitas preventivas para limpiar los lentes ópticos de los sensores de movimiento, revisar las baterías principales y programar el reemplazo de las baterías de litio que alimentan los transmisores inalámbricos distribuidos por toda la propiedad.
Otras recomendaciones sobre la eficiencia del sistema
La eficiencia operativa de un sistema electrónico de seguridad reside en un enfoque integral donde se combinan el cumplimiento de las normativas internacionales, los correctos cálculos eléctricos y la pericia aplicada durante la instalación física del cableado.
Los errores analizados a lo largo de esta nota, desde el fracaso inicial por elegir un equipo débil sin evaluar los riesgos de intrusión, hasta las pésimas decisiones técnicas en los empalmes o la anulación negligente de las resistencias de fin de línea, construyen un enorme campo de posibles problemas. Si a esto le sumamos la instalación de cables junto a líneas eléctricas con ruido o la falta de una protección adecuada contra rayos, el resultado es un deterioro prematuro predecible.
Estas pequeñas deficiencias se encadenan y degradan instantáneamente los costosos equipos de seguridad. Lo que debería ser una avanzada matriz analítica de defensa tecnológica termina convertido en una frágil decoración plástica, que permanecerá inoperante y silenciosa ante un intruso, o será sumamente ruidosa por falsas alarmas, pero estéril para proteger los activos.
La única forma de erradicar por completo estas fallas es mediante la aplicación de doctrinas rigurosas. Se debe imponer el uso de arquitecturas de doble resistencia para garantizar que cada evento de sabotaje sea desenmascarado. Se deben usar tecnologías de comunicación modernas que no dependan de frágiles líneas telefónicas. La realidad demuestra que el eslabón más voluble sigue siendo el ser humano y sus errores orgánicos tras la entrega del proyecto.
Una instalación de seguridad solo puede declararse verdaderamente exitosa cuando se somete a los más estrictos y rigurosos protocolos de prueba y desgaste bajo la supervisión de técnicos calificados, y cuando toda la tecnología se transfiere al usuario mediante un entrenamiento profundo, paciente y exhaustivo.
Adoptar todas estas recomendaciones y buenas prácticas en la ubicación, configuración, conexionado y pruebas destierra definitivamente el agónico problema de las falsas alarmas y afianza a estos sistemas en la cúspide de la protección preventiva, asegurando de forma infalible la vida y los valiosos patrimonios que están destinados a resguardar.
Jairo Rojas Campo
Ing. Electrónico de la Pontificia Universidad Javeriana, especialista en Gerencia de Proyectos, con experiencia como líder de gestión de proyectos en varias empresas reconocidas del gremio de seguridad en el país desde el 2001. Cuenta con múltiples certificaciones en seguridad electrónica en las líneas de CCTV, sistemas de alarmas de intrusión, detección de incendio, controles de acceso, plataformas de integración entre otras.
Actualmente realiza actividades orientadas a la transferencia de su conocimiento y experiencia a equipos de trabajo del sector, realiza diseño y especificación de proyectos. Apasionado por el ciclismo de ruta y ciclo montañismo.
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