- Escrito por: Alejandra Duarte
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Profesionales que Inspiran: George Fletcher
Hablar con George Fletcher, empresario, consultor y voluntario, es entender que la vocación profesional no está desligada del compromiso social. Canadiense de nacimiento, pero ciudadano del mundo por experiencia, Fletcher ha dedicado su vida no solo a impulsar la industria de la seguridad electrónica en América Latina, sino también a apoyar a comunidades vulnerables desde múltiples frentes en el mundo.
Actualmente, George se divide entre la vida familiar, su participación en varias juntas directivas y un intenso trabajo voluntario. “Estoy en al menos tres actividades voluntarias de impacto social”, afirma. Una de ellas es con una ONG que brinda alimentos a personas en situación de calle; otra conecta a voluntarios con adultos mayores que viven solos, y una tercera —quizá la más impactante— surgió de forma espontánea pero terminó transformándose en un verdadero proyecto humanitario: el acompañamiento a familias ucranianas desplazadas por la guerra.

“Empezó como un acto bondadoso —cuenta George— ayudamos a una señora ucraniana a encontrar vivienda y amueblarla. Tres años después, hemos apoyado a más de 35 familias, desde muebles hasta comida en la nevera. Llegan aquí con solo una maleta”.
Su interés por el mundo y la empatía hacia otros no son accidentales. Tanto George como su esposa crecieron expuestos a diversas culturas. Él vivió durante su infancia y juventud en Canada, Colombia, Sudáfrica y España. Su esposa, Andrea Ferrando, originaria de Chile, llegó a Estados Unidos como estudiante de intercambio. “Desde que nuestros hijos nacieron, hemos intentado salir mucho, viajar mucho y abrirles los ojos al mundo”, dice.
Un pionero en la seguridad electrónica latinoamericana
En el ámbito profesional, George se describe a sí mismo como “vendedor/emprendedor”, una definición que condensa décadas de experiencia, pasión y resiliencia en el sector de la seguridad electrónica. Su historia comenzó casi por accidente en Sudáfrica, donde conoció a un empresario que lo introdujo al mundo del emprendimiento y la seguridad. “Él me llevó bajo su ala. Me enseñó sobre ventas, marketing, gestión empresarial… y lo más importante: cómo emprender”, recuerda.

Años más tarde, y ya de regreso en Canadá, decidió lanzarse a emprender en América Latina con productos de seguridad electrónica canadienses. Así nació Tronex International Security. Corría el año 1989, el mercado latinoamericano de seguridad electrónica era, en palabras del propio George, "un terreno desconocido, sin gremios ni formación técnica, sin redes ni estructura." Y ahí, justo donde muchos veían incertidumbre, él vio una oportunidad.

Tronex International Security, era una pequeña compañía enfocada en distribuir productos de seguridad canadienses como DSC en América Latina. No tenía oficinas lujosas, ni equipos comerciales robustos. George solo tenía una visión clara, una maleta con productos de demostración y el deseo de conectar culturas, idiomas y mercados. "Llevaba un maletín, un par de catálogos, y el título de 'Vicepresidente de Ventas' impreso en una tarjeta de presentación, aunque éramos dos personas en una oficina con una secretaria part-time", recuerda George.
Ese primer viaje, visitando 10 países en seis semanas, sin internet ni Google Maps, sin saber si alguien compraría algo, fue el inicio de todo. “No había internet ni celulares. Me sentaba en el hotel, abría el directorio telefónico y empezaba a llamar empresas de seguridad”, recuerda.
Para poder competir, Tronex tuvo que establecer operaciones en Miami, y en ese momento se incorpora Craig Robinson, amigo y emprendedor, como socio en la empresa. Craig se enfocó en establecer toda la infraestructura operativa, logística y financiera para brindar el mejor soporte al mercado, mientras George se enfocaba en las ventas.
De allí comienza el proyecto de construir una red de distribuidores comerciales con asistencia técnica. Su apuesta rindió frutos: introdujeron soluciones de seguridad de alta tecnología en un mercado que apenas comenzaba a desarrollarse.
“Volví a Canadá sintiendo que había corrido una maratón. Estaba agotado, pero sabía, con certeza absoluta, que mi vida ya no sería igual”. Con una maleta de demostración y una pequeña agenda, recorrió diez países en seis semanas, haciendo llamadas desde hoteles y embajadas.
Impulsar la educación, construir gremio: el nacimiento de ALAS
En medio del constante ritmo de viajes, negociaciones y expansión comercial, George Fletcher comenzó a notar algo evidente: la industria de la seguridad electrónica en América Latina crecía, pero sin una base sólida de formación ni un gremio unificado. “Si querías entrar a la industria de seguridad, nadie te enseñaba los ABCs, los fundamentos básicos”, recuerda.
Fue durante uno de sus múltiples viajes por la región, acompañado por su entonces socio y mentor Marc Mineau —una figura clave en su carrera, amigo y fundador de Kantech—, cuando se plantó por primera vez la idea de lo que se convertiría en una de las asociaciones más influyentes del sector. “Él me miró y dijo: George, tienes que arrancar una asociación gremial para Latinoamérica, para educar a la gente en los fundamentos básicos de la tecnología”.
Fletcher confiesa que, aunque en ese momento no tenía ni tiempo para su propia vida, el consejo lo marcó profundamente. “Yo pensaba: no tengo rutina más allá de viajar y vender... y ahora él quiere que funde una asociación. Pero le tenía mucho respeto y cariño, y sabía que tenía razón”.
Ese fue el punto de partida de lo que más adelante se llamaría ALAS, la Asociación Latinoamericana de Seguridad. Con el respaldo de figuras reconocidas de asociaciones norteamericanas, George y un pequeño grupo de colegas presentaron públicamente la idea durante la feria Las Américas Security Expo en Miami. Asistieron más de 400 personas.
“La sensación más fuerte que tuve ese día fue que la gente venía con muchas preguntas… y con mucha sospecha”, comenta. “Decían: ¿Cuál es la agenda oculta aquí? Como si estuviéramos intentando otra cosa. Pero siempre fue con fines nobles”.
Los primeros años de ALAS no fueron fáciles. Como ocurrió en sus inicios empresariales, los recursos eran escasos y el escepticismo abundaba. Sin embargo, George no se rindió. “Convocamos a competidores, nos sentamos a hablar del mercado, de los desafíos comunes, y ahí fue cuando dije: Por eso existe esta asociación: para profesionalizar la industria, crear foros, hacer networking, capacitar. Poco a poco empezó a tomar forma”.
Un giro clave en la historia de ALAS fue el involucramiento de Andrea Ferrando, esposa de George, quien fue nombrada directora de la asociación por uno de los empresarios del sector que confiaba plenamente en sus capacidades. “En un periodo de cinco años logró levantar la membresía, armar una junta profesional y darle una buena fundación a la asociación para que pudiera seguir creciendo”, destaca George con orgullo.
La contribución de Fletcher no se limitó a la gestión gremial. También invirtió desde su propia empresa en la formación de instructores certificados. “Mandamos a nuestros ingenieros a certificarse como instructores en Canadá y Estados Unidos. Luego ellos ofrecían cursos en América Latina, no en nombre de la empresa, sino a través de ALAS”.
Así, con convicción, liderazgo y un profundo sentido de propósito, George Fletcher ayudó a sentar las bases de una comunidad profesional de seguridad más sólida, más capacitada y más conectada en América Latina.
Un giro inesperado: cuando el 70% de su negocio desaparece
Todo emprendimiento exitoso pasa por momentos decisivos. Pero pocos tan drásticos como aquel que enfrentó George Fletcher en los primeros años de la década del 2000, cuando su empresa Tronex —entonces una referencia en la distribución de tecnología de seguridad en América Latina— perdió más del 70% de su facturación.

Durante años, Tronex había construido una sólida red de representación comercial de fabricantes como DSC, una marca canadiense de sistemas de intrusión, cuya participación era clave para los ingresos de la compañía. Pero el contexto internacional estaba cambiando. Las grandes multinacionales como Tyco, Honeywell, GE y Siemens comenzaron a ejecutar una estrategia agresiva de adquisiciones para consolidar su presencia en el sector de la seguridad electrónica a nivel global.
Y entonces, lo que parecía un buen posicionamiento se convirtió en una vulnerabilidad. En un movimiento estratégico, Tyco adquirió DSC, el principal proveedor de Tronex, y decidió eliminar los intermediarios regionales para operar directamente en los mercados locales.
"Fue como si te sacaran la alfombra bajo los pies. Lo veíamos venir, sabíamos que ese modelo de intermediación no era eterno, pero no reaccionamos lo suficientemente rápido", recuerda George.
Él y su equipo ya habían identificado la amenaza y estaban en conversaciones para fusionarse con distribuidores locales en mercados clave como Brasil, Colombia, Argentina, Uruguay y Chile. La idea era ganar músculo comercial y poder competir con estructuras más verticales. Pero las decisiones estratégicas, cuando no llegan a tiempo, pueden costar muy caro.
"Conseguimos fusionarnos con nuestro socio en Brasil, pero no alcanzamos a cerrar las alianzas en otros países antes de que Tyco ejecutara su plan. Y eso nos dejó completamente expuestos", explica.

La empresa, que durante más de una década había operado con éxito desde Canadá, representando marcas y construyendo canales en toda América Latina, tuvo que reducirse a su mínima expresión en cuestión de meses. A pesar de perder el 70% de la facturación, George y Craig nunca descuidaron a su equipo y los apoyó hasta el final para que pudieran construir un futuro tras Tronex. Después de un tiempo, la empresa Scansource, una empresa multinacional, compró la empresa.
El costo humano del emprendimiento
Más allá del golpe financiero y operativo, lo que más impactó a George fue el agotamiento emocional. Habían sido casi 15 años de viajes constantes, inversión total de tiempo y energía, desarrollo de equipos, construcción de relaciones comerciales y personales. Tronex no era solo una empresa, era un proyecto de vida.
"Había invertido todo. No solo dinero. Todo mi tiempo, mi energía, mi mente, mi corazón. Era una extensión de mí mismo. Verlo desmoronarse, por causas externas que no podíamos controlar, fue devastador", admite.
Con su primer hijo recién nacido y un profundo desgaste acumulado, George tomó una decisión poco común en el mundo empresarial: se retiró temporalmente. Sin planes inmediatos, sin buscar revancha. Simplemente, necesitaba parar.
"Tomé un año sabático. Viajé, estudié, me desconecté. Por primera vez en mucho tiempo, me permití no tener respuestas inmediatas."
Este momento de pausa no fue un acto de renuncia, sino de reconfiguración personal y profesional. Y sin saberlo aún, sembró la semilla de lo que sería una de las etapas más creativas y transformadoras de su vida.
De la crisis a la reinvención: cuando la vida abre otra puerta
Mientras George procesaba el cierre de una etapa, su esposa, Andrea Ferrando, ya estaba escribiendo una nueva. Ella también venía del sector de seguridad, había trabajado en ALAS y tenía una visión clara: México necesitaba un evento de talla internacional para reunir al ecosistema de seguridad.
Equipo Expo Seguridad México
Así nació Expo Seguridad México, una feria especializada que en su primera edición reunió a 50 expositores y poco más de 2.000 visitantes, pero con una ambición enorme: convertirse en el punto de encuentro del sector en la región.
Al principio, George no participó directamente. Pero poco a poco, y viendo las necesidades comerciales del proyecto, terminó involucrándose en el armado del equipo de ventas, la estrategia comercial y el crecimiento estructural del evento.
“Era algo totalmente nuevo para mí. Pasé de vender productos de seguridad a vender espacios de exhibición, ideas, comunidad. Era como producir una fiesta anual para todo el sector, pero con estructura, contenido y propósito”, cuenta.
Durante los siguientes 7 años, George lideró el área de ventas del evento y vivió una experiencia transformadora. Aprendió sobre marketing de eventos, gestión de comunidad, alianzas institucionales, y con un excelente equipo de trabajo, colaboró para que Expo Seguridad creciera casi diez veces, hasta alcanzar más de 500 expositores y 20.000 visitantes por edición.

Finalmente, el evento fue vendido a una empresa internacional líder en exposiciones Reed Exhibitions (actualmente RX Global), consolidando su posición como el principal referente en seguridad del país.
“Fue una experiencia increíble. No solo por el éxito comercial, sino porque entendí que uno tiene que saber reinventarse, que uno nunca deja de aprender ni de crear valor desde cero”.
Cierre y lecciones de vida
Aquel golpe que pareció desolador se convirtió, con el tiempo, en un punto de inflexión vital. Tronex desapareció como empresa, pero el espíritu emprendedor, el compromiso con la industria y la visión de aportar algo más allá del negocio siguieron vivos en George.
Hoy, al recordar ese episodio, lo hace con gratitud. “Si no hubiéramos perdido ese 70%, nunca habría tomado el tiempo para pensar. No habría trabajado con Andrea. No habría aprendido de exposiciones. No se habría lanzado la causa Misión 500 en la industria de Seguridad. A veces perderlo todo es lo que te permite encontrar lo que realmente importa”.

Y así, el hombre que lideró una empresa, ayudó a fundar una asociación, promovió una causa social y construyó comunidad, reafirma lo que ha sido el hilo conductor de su historia: la capacidad de adaptarse, de servir y de no dejar nunca de construir, incluso en medio de la incertidumbre. George no quiere dejar de reconocer a sus socios, mentores, colaboradores, clientes y voluntaries todos quienes han contribuido a que sus propios sueños profesionales y personales se hayan cumplido: Martin Pols, Craig Robinson, John Peterson, Robert Madden, Marc Mineau, Richard Hahn, Juan Carlos Rodriguez, Marco Antonio Tibaes, Andrea Ferrando y muchisimos mas!
Mirando hacia adelante: el futuro de la seguridad electrónica y el rol del ser humano
Tras décadas de experiencia en una industria en constante evolución, George Fletcher no habla del futuro con miedo, sino con visión. Y con una certeza: la seguridad electrónica no volverá a ser lo que fue.
“En la última junta asesora en la que participé en la empresa First Security de Chile, hablamos sobre cómo la seguridad física y la electrónica están empezando a integrarse en formas que hace 10 años ni imaginábamos. Y lo que viene, honestamente, es disruptivo. Robótica, automatización, vigilancia 24/7 sin margen de error, inteligencia artificial, reconocimiento facial...”, explica George.
Pero no se trata solo de tecnología, insiste. La verdadera revolución es cultural. “Ninguna industria —ni la medicina, ni el derecho, ni la seguridad— va a quedar fuera de esta transformación. Y quienes no estén dispuestos a adaptarse, aprender, tropezar y volver a intentarlo… van a quedarse atrás.”
Para George, la clave no está en resistir el cambio, sino en abrazarlo. Con valentía, con humildad y con una disposición permanente a desaprender y reaprender.
A los que vienen: un mensaje a la nueva generación
Cuando se le pregunta qué consejo le daría a los jóvenes profesionales que recién comienzan en esta industria, George no duda: valores, integridad, comunidad.
“Esta industria te da mucho. Retribúyele también. No esperes tener éxito para ayudar a otros. Hazlo desde el principio. Involúcrate en asociaciones, en tu comunidad. Busca mentores, viaja, aprende siempre. Nunca pienses que ya llegaste, porque uno nunca es el producto final.”
Y respecto a encontrar mentores, dice algo que sirve tanto para negocios como para la vida: “La mayoría de los grandes líderes están dispuestos a compartir si tú te acercas con respeto y con hambre de aprender. El secreto está en salir de tu zona de confort y atreverse a preguntar. Si una puerta se cierra, busca otra. El ‘no’ ya lo tienes.”
Detrás del empresario: el ser humano

Fuera del mundo profesional, George vive rodeado de familia, mar y libros. Con sus hijos comparte su amor por los deportes acuáticos, el esquí y su inquebrantable pasión por el fútbol, más precisamente por el Liverpool, equipo al que sigue desde hace más de 45 años. Su Fe en Dios y su crecimiento espiritual son un eje en su vida.
Pero más allá de los hobbies, hay una constante en su vida: dar sin esperar nada a cambio. Como aquella vez que organizó, junto a otros colegas de la industria, un viaje a Inglaterra para cumplir el sueño de una compañera enferma de cáncer que jamás había visto jugar a su equipo, el Manchester United. Un gesto pequeño en lo práctico, pero enorme en lo humano.
“Ese viaje fue un sueño cumplido para ella. Al año siguiente, murió. Pero su último deseo fue esparcir sus cenizas en Old Trafford. Y ahí estuvimos, con su familia, cumpliéndolo.”
Ese recuerdo inspiró en George una nueva iniciativa: cada año, buscará enviar a alguien que haya vivido una situación difícil —una enfermedad, una pérdida, una lucha personal— a ver a su equipo favorito de fútbol. Una causa simple, personal y profundamente humana.
El legado: cómo quiere ser recordado
Quizás la parte más íntima de la conversación llegó al final, cuando se le preguntó cómo le gustaría ser recordado. Su respuesta fue reflexiva y, como todo en él, marcada por la humildad: “Me gustaría que dijeran que fui una persona con ética personal y profesional, que adoptó valores cristianos. Que retribuí. Que trabajé por algo más grande que yo. Y que nunca dejé de intentar ser mejor.”
George busca dejar huella en lo invisible: en la gente con la que trabajó, en las causas que apoyó, en las personas que ayudó a crecer. “La vida me ha bendecido mucho. Y cuando llegas a cierto punto, te das cuenta de que no se trata solo de ti. Se trata de cómo puedes ayudar a otros. No hay éxito que valga si no deja algo para los demás.”
Epílogo: una vida en construcción
En sus 60’s, George no habla como quien ha llegado, sino como quien sigue caminando. Para él, todo ser humano es una obra en progreso. Un “work in progress” que no termina hasta el último día.
Y en esa construcción continua, ha elegido sus herramientas: servicio, comunidad, humildad y visión. No importa si fue como empresario, como socio en una feria, como mentor, como fundador de una causa social o como padre en el mar junto a sus hijos: George Fletcher ha hecho del compromiso con los demás el centro de su vida profesional y personal.
Y quizás, cuando se hable de él en el futuro, lo que quede no sea un cargo, una empresa o un título, sino una forma de estar en el mundo: con generosidad, con propósito, con humanidad, con entrega profunda y convicciones no negociables.
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Alejandra Duarte
Egresada de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá como Comunicadora Social con énfasis en Periodismo.
Maria Alejandra cuenta con más de 5 años de experiencia como periodista, en los que ha pasado por distintos medios de comunicación masivos de Colombia como lo son RCN Televisión y W Radio. En estos medios ha cubierto varias fuentes como la política, la economía, el entretenimiento y noticias de interés general que son tendencia en el mundo.
Además de su experiencia como periodista, hizo parte del equipo de comunicaciones internas de BICODE, empresa colombiana que se dedica al análisis y gestión de datos, en la cual aprendió la importancia de enlazar su profesión con los avances de la tecnología y el marketing digital.
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